Detener la luz en un instante y con ello ser capaz de provocar una emoción, contar una historia o sencillamente informar.

Eso es para mí la fotografía y forma parte de mi vida.  

Una pareja de novios, un retrato de fantasía para una novela o un paisaje al atardecer... da igual. Como decía Cartier Bresson, fotografiar "es poner la mente, el ojo y el corazón sobre la misma línea de mira". 

Ni soy original, ni me hice fotógrafo de bodas porque quiera hacer algo especial, ni estoy enamorado de las parejas de novios, entre otras cosas porque me resultaría imposible enmorarme de una o dos parejas cada semana del verano, como leo de vez en cuando en blogs de otros fotógrafos, yo no soy tan enamoradizo, pero te aseguro que soy consciente de que cada vez que una pareja cuenta conmigo para que fotografíe el día en que deciden compartir con los suyos el compromiso que los une, eso es una grandísima responsabilidad.

Cada foto tiene vida propia, y por eso para mí carece de sentido aplicar el mismo procesado a toda la boda, con programas automáticos que le dan el mismo tono, saturación o combinación de colores a todo el reportaje; dejo que cada foto de las seleccionadas me inspire y trato de comunicarlo mediante el procesado intentando que el conjunto mantenga una coherencia. Tampoco creo que sea único por la originalidad de mi estilo, soy único sencillamente porque todos somos únicos y cada uno siente de distinta forma la  misma realidad que se nos presenta. Y por el mismo motivo también cada pareja es única, así que solo queda esforzarse en ser capaz de captar aquello que os distingue, y eso es lo que hace únicas vuestras fotos: vosotros.

Adelante, pasa y observa mi trabajo.